¿Y si no eres tú?

Hay veces que cuesta mucho, mucho darse cuenta de que las barreras que pone la gente, los armarios en los que se encierran, no tienen nada  que ver contigo, y todo con ellos. Que la distancia, real o figurada, que te imponen, no es en relación a ti,sino con todos y todo lo demás. Y lo más duro es, con diferencia, conseguir que no te duela. Después de todo, ¿ha sido tu decisión?

Tú puedes cambiar lo que piensas de los demás, ¿puedes cambiar lo que piensan ellos de ti? 


Desaprender

Nos enseñan que si follamos somos unas guarras y si no lo hacemos, unas estrechas.
Que si mostramos nuestro cuerpo vamos provocando y que nuestros pechos tienen que ser censurados, pero también nos enseñan que para vender Viagra tenemos que aparecer desnudas en el periódico.
Nos enseñan que tener la regla es “estar malas” y que no tenemos que hablar de ese tema porque a los hombres les da asco.
Que tenemos que vestir bien para que nos tomen en serio, pero que preocuparse por la moda es una frivolidad. Nos enseñan que podemos vestirnos como queramos, y a agachar la cabeza cuando alguien te mira como si fueses un objeto y no un ser humano.
Nos enseñan a ser las maduras de la relación, y a ser las que necesitan que las protejan. Que aguantamos mejor el dolor, pero que somos el sexo débil.
Si jugamos al fútbol luchamos por nuestra igualdad, si jugamos al fútbol somos unas marimacho.
Nos enseñan que ser irracionales es lo natural para nuestro sexo. Que tenemos que ser graciosas, pero no mucho, que tenemos que ser listas, pero no demasiado y que reírse de nosotras es machismo pero meterse con los hombres usando tópicos está bien.

Creo que es tiempo de desaprender y de no enseñar gilipolleces a nuestras hijas… e hijos.

P.D.: de la publicidad, mejor no hablamos. 

P.D.2: ¿Habéis escuchado a Kaleo? ¡Son la leche!


28 días con Andrea

Queridos lectores, queridos tres:

hace cuatro o cinco semanas (no es que no lo sepa, es que realmente depende de si cuentas semanas o días en el calendario) que no escribo y podría usar la excusa de que he estado muy ocupada día y noche para hacerlo, pero creo que no es una excusa si lo que dices es verdad… o sí, pero al menos es una excusa válida, no como decir que tienes la regla para no ir a trabajar…

Hace cuatro o cinco semanas (again, depende de qué cuentes) que llevo trabajando en una empresa que se dedica a mandar chiquillos al extranjero para, a) según algunos padres, que mejoren su inglés, b) según otros padres(aunque no lo digan), descansar, que son una carga durante todo el año. No os voy a mentir: tiene muchas cosas malas y una de las peores es organizar veranos en el extranjero a pijos sabiendo que tú te lo vas a pasar sudando en una oficina sin aire acondicionado en Madrid. Pero tiene una bastante buena: un sueldo decente, legal, y por el que no tengo que dar las gracias porque me han sacado del barro. Y otra muy buena: que veo a Andrea de lunes a viernes de 9 a 17:30 haga bueno o llueva, salga el sol por donde salga. 

Pero no es solo eso (y ahora os voy a cambiar de tema, pero fijaos qué bien hilado), sino que también tengo la maravillosa oportunidad de ver a Andrea muchos fines de semana, con lo que acabo viendo a Andrea más que a mí misma en el espejo. Desde el 24 de febrero, ayer y hoy han sido los primeros dos días que no la veo. Es como cuando, de repente, pierdes a tu peluche favorito: un poco traumático, sí, pero en lo más profundo de tu corazón sabes que podrás finalmente superarlo.

He visto tanto a Andrea porque el último fin de semana de febrero disfrutamos de la hospitalidad de su familia en Cádiz para pasar unos carnavales tardíos y regados en comida y alcohol. Fue muy divertido, muy muy ventoso y muy muy muy fugaz. Pero nos dio tiempo a salir de noche, pasear de día, tomar un par de cafés al sol y mancharnos los pies con arena de la playa. Eso mola. En el viaje de ida y de vuelta, también nos dio tiempo a cantar unas dos mil canciones de verano… y es que a Cádiz no se llega en un plis plás.

El fin de semana pasado, después de dos semanas seguidas viendo a Andrea y de una colonia de mocos anidando en mi interior, llegó Lisa, mi ex-compi de curro en Estados Unidos durante el año pasado y, claro, había que sacarla y había que enseñarle lo bien que se come, lo bien que se bebe y lo bien que se sale en Madrid porque en algo tenemos que ser mejor que los alemanes y, claro, fue un no parar de jijijís y jajajás. Os informo, por si no lo sabéis aún, que lo del tapeo por Alcalá de Henares a estas alturas tiene más de fama que de verdad y que está muy bien para visitarlo y tal, pero que es igual de ñe e igual de caro que ir a la Latina un domingo cualquiera (minus hipsters, claro…). 

Por cierto, hace las mismas cuatro o cinco semanas que he vuelto a empezar a dar clases. Y es inglés, que me gusta menos que español, pero siguen siendo clases. Y me encanta, y las echaba mucho de menos, y de vez en cuando me jode tener que preparármelas un domingo por la noche pero cómo me gusta darlas. Claramente, si no me toca la lotería y si nunca consigo ser jefa de algo (sé que sería muy buena jefa, lo sé, ¡yo solo quiero demostrarlo!), es mi profesión preferida del mundo mundial.

Desde entonces llevo intentando contaros mi vida, pero el agotamiento me ha obligado a dormir y comer y dormir y sonarme los mocos.

Y no sé si es porque he vuelto a dar clases, o porque mi trabajo de ocho horas al día me quita un poco de vida cada vez que voy (como la máquina del conde Rugen a Westley en la Princesa Prometida, gran peli, mejor libro, adivinad qué estoy leyendo ahora mismo), o porque he hecho (más bien dejado) un curso en línea que es una caca, o porque voy a hacer uno que espero que sea mejor, o porque sigo el grandísimo blog del todavía más grandísimo Mario (aquí su blog) pero me siento inspirada para mejorar profesionalmente… qué tontería, ya ves tú, si al final voy a trabajar en España y no me va a valer de nada… pero yo os lo cuento igualmente… Y ya os contaré si al final lo hago, aunque últimamente hasta yo misma me sorprendo de hacer las cosas que digo. Vale, no todas pero muchas sí, por ejemplo: después de tres meses sigo cocinando sin sal y quien me conozca sabe lo difícil que me resulta, y desde septiembre voy al gimnasio y quien me conozca sabe lo poco que me gustan los gimnasios. Por cierto, hablando de gimnasios, no sabéis lo violento que es que una señora te mire de arriba a abajo mientras te duchas, y luego se gire y mire a tu hermana de arriba a abajo mientras se ducha y diga, “uy, sois iguales” y no sabéis lo cansino que es tener que decirle a la gente que no, no somos gemelas y que nos llevamos cinco años y que ya, es mucho para lo que nos parecemos (como si la edad tuviera algo que ver con los genes hiperdominantes de mi abuelita).

Y esto se me ha ido de madre, es lo que tiene llevar tanto tiempo sin escribir, se te olvidan las bases.

Os dejo de canción “Step Out” de José González. Últimamente lo estamos dando todo con la banda sonora de “La vida secreta de Walter Mitty” y esta es la canción con la que empieza y una de las que salía en el tráiler. Es un poco difícil de cantar sin parecer que tienes retraso, con tantos ooooohhhh y tantos aaahhhhh pero es chulis. Y, por si os interesa, este finde he estado pegada al ordenador y me he bajado un disco entero del buen hombre y también mola, es un poco folk, un poco horchata en las venas, pero acompaña muy bien el cocinar y el trabajar.

Espero que después de entrada tan toli como esta, mis queridos tres, me sigáis leyendo.

Hasta más ver, muak!


Señales

Hace poco, interpreté una mañana de lunes de mierda como una señal del destino para que no hiciese algo que supondría un paso atrás laboral y hoy, al contarle a mi amiga Raquel la semana de buenísimas noticias que he tenido, me ha dicho que leyese mi tarot de esa semana, a ver si tenía razón y me había avisado.

Pues de eso vengo a hablaros hoy, chiquets (mientras veo Chicote, jiji), de lo que me ha pasado en los últimos diez días y de las señales que he visto y de las que me he perdido. Prometo hacer más caso a mis instintos y al vuelo de los pájaros a partir ahora.

Un par de jueves atrás me llamaron para hacer clases y, claro, tener dinero siempre es un aliciente así que las cogí. Pues el primer día de clases hubo un pequeño contratiempo, nadie me avisó de que no la había y así, me paseé Madrid to’parriba y otra vez to’pabajo. Y, claro, problemas y errores los tiene cualquiera, pero el vacilar a tus profesores (empleados, aunque sea muy poco) no es correcto, no es de recibo, no es bien. Y luego pretendieron “sacarme del barro” y eso duele mucho. Duele en lo profundo de tu orgullo, donde de repente hay una voz que cuestiona si estás en paro porque no vales nada. Pero es mentira. Así que no dejé de buscar un trabajo un poco menos degradante (no salarialmente, humanamente).

Así que el jueves pasado hice una entrevista, y desde hoy a las nueve de la mañana soy compañera de temporada (de temporada de verano) de Andrea (¡fieshta!). Y también enseño un poco de inglés un par de tardes a la semana. No es que sea avariciosa, es que ahora que las vacas empiezan a engordar… habrá que guardar y guardar cual hormiguita para cuando adelgacen otra vez (después de verano). De lunes a viernes, ocho horas al día y con un sueldo chupi y oficial, trabajo en una oficina que manda chavales a campamento de verano en inglés y me da mucha envidia pensar que no voy a poder hacerlo este verano, pero luego pienso otra vez en el dinero y se me pasa la angustia. Por las tardes de los martes y los jueves, enseño inglés básico, y me encanta enseñar, y lo echaba de menos muchísimo y lo disfruto como una niña pequeña. ¡Jo! Y ya si pudiese también enseñar español…

Tengo un petit problem, though, que no puedo encajar el árabe y el gimnasio y, probablemente, tenga que dejar uno… Y ahora que consigo sobrevivir una clase de body combat, tengo un dilema físico-moral importante. (First world problems, ¡nenes!)

Y en todos estos días, he gastado los cuarenta euros que me quedaban en verdura y carne (el pescado ya me lo tuvo que pagar mi abuelita). También quedé con mis chicos habituales para beber una cervecita… esta vez en una tetería, por variar… que me dan mucho la vida y este sábado para hacer noche de juegos, y casi me meo. Y con este pensamiento en la cabeza, me despido, que hoy no me apetece escribir mucho más, y os dejo un temazo como la copa de un pinazo: Behind Blue Eyes, de The Who.

Muchos besos y abrazos y ofertas de quedar para celebrarlo… a partir de marzo, que ya tendré algo de money money…


10 razones para NO ser autónoma

¡Hola muchachos!

Esta es la verdadera entrada de un borrador que se me escapó el otro día desde la tablet y es que… yo y las tecnologías… mal, mal.

No creáis, leyendo el título, que mi blog es de repente un blog aburrido en el que profesionales de algún sector leen para encontrar inspiración o, más a menudo, una razón para cortarse las venas. Y digo esto porque cuando encuentras el blog de tus sueños, cuatro de cada tres veces, el que lo escribe tiene la vida que tú quieres y no tienes y, peor aún, la tiene cinco años antes siquiera del momento en que tú tuviste claro qué vida querías tener. Vamos, en mi experiencia, los blogueros somos más guays de lo normal.

La cosa es que he pasado dos semanas sin pausa y sin apenas salir de casa por dos razones: a) no tengo ni un puto duro (y lo que es peor, no tengo previsión de mejora ni comida en el congelador) y b) he tenido un encargo. Y aquí la razón de mi título: cada vez tengo más claro lo que no quiero ser: traductora autónoma (o traductora).

Es una situación un poco difícil, eso de darte cuenta de repente de que no quieres hacer eso para lo que has estudiado (aunque supongo que bastante común). Para empezar, mi madre no lo está llevando nada bien. Bueno, una descripción más exacta sería que no lo está llevando en absoluto porque cada vez que se lo digo pasa de mi culo y pone esa cara de la gente que, según el refrán, se para en medio del prado a escuchar cómo cae la lluvia.

Traducir, así como algo indefinido, me encanta. Me encanta el concepto. Soy de esos pocos elegidos que puede traspasar un mensaje de un idioma a otro para que tú, simple mortal con inglés de la ESO, pueda entender qué pasa en la última escena de Breaking Bad, sepa cómo poner el cartucho de tinta en la impresora o qué hacer exactamente con el nuevo modelo revolucionario de supositorio. Y la carrera, qué decir de la carrera. Y el máster, bendito máster. Lo disfruté como una niña tonta (y eso que lo disfrutaba, mayoritariamente, en mi descanso para comer en un cuarto sin luz natural y, lo que es peor, sin ventilación). Pero el ejercicio, oh baby, el problema es el ejercicio de la traducción.

Creo que fue alguien de El Intermedio quien dijo que tocar fondo no significa que vayas a empezar a levantarte, sino que ya no puedes caer más bajo. Es una frase que me encanta… la idea, no tanto.

Así que cada vez que me toca traducir lo odio, lo odio mucho y echo mucho de menos mi trabajo (pre-EE.UU., que tampoco estoy tan loca) en el que me trataban un poco mal y me pagaban un poco peor. Y por eso una lista de razones muy personales y no aplicables a nadie más de por qué no quiero ser traductora autónoma (nota: otra cosas es tener tu propio negocio, aunque fiscalmente también seas autónomo, pero eso es para otra conversación en el bar…).

  1. Pierdes la oportunidad de ver gente rara en tu vida (¡y al rapero de la línea 1! ) porque eso, mayormente, pasa cuando vas de casa al curro y del curro a casa en el metro. Además, yo en el metro es cuando más leo y cuando más música nueva escucho.
  2. Trabajas en casa. Alguna gente ve esto como una bendición pero a mí me parece todo lo contrario. Para empezar, los pijamas y las batas no son un vestuario aceptable para trabajar, aunque trabajes en tu habitación, a 25 centímetros de la cama. Cuando trabajo en casa soy incapaz de separar mi tiempo laboral y mi tiempo personal, me despisto mucho, hago mil pausas para almorzar porque lo que se lleva ahora es hacer ocho comidas al día, pongo la lavadora, tiendo la lavadora, hoy voy a experimentar cocina new age de microondas, la gata molesta, la gata es muy mona, le voy a hacer una foto a la gata, soy la presidenta de la comunidad y no dejan de preguntarme cosas que no sé, me llaman los del correo comercial, los del correo de verdad, los comerciales de tres compañías de gas, etc.
  3. Vestirte y ducharte pasan a ser actividades opcionales, no obligatorias. Si no sales, nadie te ve y, sobre todo, nadie te huele, ¿para qué gastar dinero en agua si puedes gastarlo en cuotas de autónomos?
  4. Si trabajas fuera de casa, hay muchas posibilidades de que hables con más gente además de con la agradable señorita que te llama de Telefónica. En un día de suerte, a mí me saludan el tío de la puerta del gimnasio y la cajera del Mercadona. Y ya, YA. Es un coñazo innegable no relacionarte con nadie, y el correo electrónico, para mí, no cuenta.
  5. Repercusión de la anterior: te ríes demasiado de tus propios chistes. Sé que os pasa porque a mí me pasa. Piensas algo, lo escribes en el Facebook y te descojonas de tu brillantez. Luego lo usas con humanos de verdad y resulta que no eres tan graciosa.
  6. Prostituyes tu tiempo y no puedes hacer ningún plan sin añadir “yo en principio, si no pasa nada”. Recibes encargos de un día para otro o, peor aún, de un viernes para un lunes o durante un puente. Es muy cierto que puedes decir que no al trabajo pero, claro, dejas de cobrar la traducción y, además, es muy posible que esa persona no vuelva a pedirte algo; por lo tanto, si no te sobra el trabajo, te toca pringar mientras tus padres, tu hermana y tu abuelita comen juntos en amor y en compañía como Dios manda porque es domingo.
  7. Unas veces se te amontona el trabajo y hay otras temporadas en las que te comes los mocos. Cuando vives con tus padres o con tu cónyuge rico comerte los mocos no está mal porque lo puedes complementar con comida de verdad y una ducha caliente pero cuando tu alquiler y tu compra depende de tener ingresos… no es tan divertido. Y hay un momento en el que no puedes actualizar más tu currículum, la página web, el blog, el perfil de LinkedIn, y la madre que los parió.
  8. Conozco un montón de gente con jefes y no tienen vidas miserables. El mito de que ser tu propio jefe es la única manera para ser feliz en esta vida es eso, un mito. El truco está en que hacer lo que te gusta (vale, todos tenemos días malos) y en no dejar que te pisoteen y eso, de autónomo, también te pasa si no puedes dejar de aceptar cualquier mierda que te manden porque necesitas el dinero. Además, para gente como yo, tener un sitio al que ir a trabajar y del que irte, ayuda mucho a diferenciar vida laboral y personal, a salir, a quedar con los amigos y a disfrutar del tiempo libre sin estar pendiente todo el tiempo del ordenador, ahí, mirándote y esperando que abras el correo otra vez y que actualices el Twitter.
  9. En cuanto a la situación per se, las cuotas de autónomos no conocen justicia y, salvo algunas ayudas temporales y con muchos requisitos, da igual que cobres ocho que ochenta, que el importe será el mismo y eso, cuando estás empezando y tus ingresos son mínimos, es bastante poco asequible.
  10. Traducir lo que te gusta es genial, traducir algo que no te gusta puede llegar a ser doloroso. Y si traduces, como en cualquier trabajo, en algún momento te tocará algo que no te guste, pero no tendrás compañeros con los que quejarte, ni mucha más ayuda que algún desconocido en un foro ni, en ningún caso, alumnos que te alegren el día solo por entrar por la puerta de tu clase (¿punto 11?).
No puedo acreditar esta foto porque no encuentro la fuente, pero me gusta demasiado así que me arriesgaré.

No puedo acreditar esta foto porque no encuentro la fuente, pero me gusta demasiado así que me arriesgaré.

Dejadme que repita que esto es solo mi opinión, la de nadie más, pero es mi blog y por eso, la única que vale.

Y, como siempre para terminar, la canción: Run Boy Run de Woodkid (la canción del nuevo anuncio de Movistar, que llevaba picándome la curiosidad una semana y ha merecido la pena). Disfrutadla y disfrutad la vida,

muah!

PD: por cierto, ¡adivinad dónde he estado hoy de paseo!

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Propósitos 2014

Long time no see, amiguitos.

Pues solo dos cosas me he propuesto para este año, a saber: reducir considerablemente mi ingesta de sal y retomar el blog. La primera porque, al paso que voy buscando novio, infartaré mucho antes de conocer a mis nietos y, la segunda, porque no me puedo pagar la terapia y esto de escribir al aire ayuda mucho.

Dejé el blog porque pensaba que, después de volver de Estados Unidos, no tendría nada que contar y, como siempre nos pasa a todos, cuanto más dejas algo más te cuesta retomarlo. Sin embargo, es básicamente lo contrario: al volver a Madrid volví a mis malas costumbres de no pasar por casa y eso agota mucho y te deja bastante menos tiempo para contar tus tontadas por internet. Que si los amigos del (ya no) curro, las extensiones de la (ya no) Farola, las visitas y, por supuesto, poder ir a ver a mi mamá, a mi hermanita y a mi abuelita cuando quiera… y al final acaba una que lo último que quiere es escribir. También, no se puede negar la evidencia, escribir desde Vallecas da mucha menos envidia que escribir desde Meadville, Pensilvania. Pero eso es solo porque no conocéis Meadville, Pensilvania. Por otro lado, tengo que redirigir el blog porque ya no tiene sentido que sea un resumen de qué hago con mi vida si lo que hago con mi vida es, mayoritariamente, disfrutar de vuestra compañía.

Pero he decidido usar el año nuevo como excusa y ya no tengo ni para pipas chupadas recogidas de al lado de un banco del parque así que saldré menos, por lo que aquí estoy, contándoos mis penas otras vez. Además, paso demasiado tiempo sola, mi casa me empieza a cansar, las paredes me comen y, curiosamente, la gata no me contesta cuando le cuento memeces y, no solo eso, a veces se me revela cuando la estoy acariciando y me pega zarpazos (no vayáis a decir que es porque es la gata del demonio, que también, porque eso lo hacen todos los gatos). Al menos y, por la misma razón por la que estoy dejando la sal, de vez en cuando voy al gimnasio a pegar puñetazos al aire y eso desestresa un poco, aunque no es lo mismo que bailar cuatro veces por semana, como hacía el año pasado, que era como risoterapia pero que funcionaba de verdad (porque la risoterapia es a la terapia lo que la homeopatía es a la medicina, y eso debería estar claro desde ya).

Que sepáis (que sepáis sobre todo los que no me veis tres veces a la semana, como podría ser… yo que sé… Andrea) que desde que terminé de currar en la universidad he: viajado por medio Estados Unidos con mis padres (motivo número uno de pereza blogueril: dio para mucho, y no me dio tiempo a contarlo debidamente), pasado dos semanas como una reina en la costa Mediterránea tomando el sol (es la única costa que merece la pena para tomar el sol, sin importar cuantas compresas y medusas te ataquen al meterte al agua), pasado el verano binge watching The Wire (que es la repera limonera y los que decís que Breaking Bad es la repera limonera es, estoy segura, porque no habéis visto The Wire) y cociéndome cual gamba de día y de noche (esos franceses cabrones, cómo se rieron a nuestra costa cuando nos creímos eso de que no iba a haber verano),aceptado un trabajo y perdido un vuelo para visitar a Carmen, dejado el trabajo, enseñado traducción médica cuando debería ser yo la que siguiese estudiando, sufrido y requetesufrido el paro y a los funcionario del INEM (y sigo en ello) y visitado de nuevo mi amada Bretaña y mis amados Alice y Romain, que son dos de las personas más maravillosas que he conocido nunca. También me he permitido el lujo de soñar con un futuro laboral en el que no me paguen en negro y las cosas se hagan como es debido y espero poder contaros más y mejor cuando el sueño se vaya conviertiendo en realidad. Y, en paralelo a todo esto, he redescubierto el placer de cocinar y espero poder cansaros con fotos de platos como la gente cansa con fotos de gatos… pensándolo mejor, espero poder cansaros con fotos de platos y gatos.

Y de momento os dejo. Si os soy sincera, estos tres párrafos mal escritos ya me han ayudado a irme más tranquila a la cama, aunque igual de pobre. Si alguien sabe de un trabajo o de un hombre rico a punto de morir, que me avise.

Para terminar y, en mi línea (hay costumbres que no se olvidan) este es el link a una canción de la banda sonora de Inside Llewyn Davis, que todavía no he visto pero de cuya música ya me he enamorado (también me he enamorado de la voz de Oscar Isaac, por cierto) gracias al siempre sabio consejo de Cinemanía (Lope, si estás ahí, Cinemanía rules, Fotogramas caca de la vaca). Escuchadla, disfrutadla, sed felices.


Tres semanas y media

Aprovecho que he empezado bien el día, eskypeando con Lourdes, y lo termino igual, escribiendo por fin.

Tres semanas y media es el tiempo que hace que no escribo en el blog (shame on me) y, ¡oh oh!, el tiempo que me queda de clases.  En Allegheny me queda un poco más, porque tengo que esperar a que todos los estudiantes se vayan de la casa para poder irme yo y, sobre todo, porque tengo que esperar a que mis padres vengan para hacer el viaje nodriza del que salen todos los viajes.

Mientras tanto, os cuento por qué he tardado tanto en escribir. Para empezar, el hecho de que las clases de baile me agoten es síntoma de la baja forma en la que me encuentro y, además, culpable de que por las noches lo único que pueda hacer sea evitar que la baba que me cuelga de la boca llegue al suelo. Luego, resulta que no paro.

On voyage pour changer,  non de lieu, mais d'idées

On voyage pour changer, non de lieu, mais d’idées.

El trece de marzo fue miércoles y ese jueves por la noche llegó Marielies, que es la hermana de Lisa, la alemana y, claro, había que entretenerla. Para empezar, la entretuvimos el viernes llevándola a un estudio de tatuajes para que yo pudiera tener un recuerdo de mi estancia en los EE.UU., el sábado, de compras y el domingo celebrando San Patricio desde el desayuno (americano, para alimentar a una tribu subsahariana completa) hasta la cena. Y luego se fueron a Nueva York.

Salvo una cena chupi piruli con adultos de verdad en casa de mi jefa, pasé casi cuatro días encerrada en mi casa, hablando por eskype con algunos de vosotros y arreglando mis currículums,  mi linkedin, mi cuenta en Drive y empezando a rogar trabajo (porque en España el trabajo ya no se pide). Dormí una media de diez horas al día, leí y vi la tele cuando quise. También cociné todos los días, en vez de tener comida de comedor. Y vi cómo nevaba. Sin parar, sin fin, ad infinitum

El jueves por la noche por fin volvieron las alemanas y puede volver a acoplarme. El viernes fuimos a las cataratas del Niágara. Hacía un frío que agachaba colas pero mereció muchísimo la pena cambiar de idea, porque al principio les dije que no, que me quedaba un día más en silencio y en pijama. Estaba todo blanco, lleno de nieve. Las barandillas que impiden que pases de ver las cataratas a ahogarte en ellas estaban completamente cubiertas de una capa de hielo porque el agua que salpicaba se congelaba automáticamente. Además fuimos otra vez  a Niágara on the Lake, que es el pueblo que hay en la desembocadura del río en el lago Ontario. Llegamos un poco antes del atardecer y, cuando nos acercamos a la orilla, descubrimos que el cielo estaba tan claro que se podía ver el miniskyline de Toronto perfectamente al otro lado del lago, torre incluida. Todo eso y que, por unas horas, pudimos hablar en metros y en kilos sin que la gente nos mirara raro. El sábado fuimos a pasar el día en Pittsburgh e hicimos la ruta típica. Como era la semana de vacaciones en la universidad, por la noche, Joe, mi compi de la Casa Española, nos invitó a casa de sus padres a cenar. La comida estaba riquísima, risotto (resulta que es especialidad de la familia) con pollo, venado y espárragos a la plancha y, de postre, limoncelo casero y delicioso. Además, su familia es tan maja como él, así que lo pasamos muy bien. Después de dormir en su sótano (y descubrir con micro infarto incluido que la hermana de la alemana habla en sueños) nos fuimos a despedirla al aeropuerto y volvimos a la vida normal.

La carta a tiza de las cervezas que hacen en Voodoo.

La carta a tiza de las cervezas que hacen en Voodoo.

La semana siguiente fue una dura vuelta a la realidad, y es que podría haber seguido en mi estado zen de los primeros días del descanso durante meses y haber sido feliz con ellos. Pero lo bueno es que he tenido muchas cosas que corregir y mi último trabajo para baile que hacer, así que no me he aburrido. Salvo un sábado con (yet another) risotto y mojitos, eso ha sido básicamente lo que ha pasado durante dos semanas hasta este jueves, en el que fuimos a ver un concierto así como independiente al único bar que vale la pena del pueblo y se nos fue la mano con la cerveza casera. El sábado se nos fue con el vino… pero no pasa nada porque era rioja, y nunca se puede beber demasiado vino si es vino bueno.

Para terminar, os cuento la súper excursión del sábado. Resulta que, de repente, a finales de la semana pasada, llegó la primavera. Toda la nieve ha desaparecido y ahora empieza a verse todo verde. Diría yo que incluso nos estamos pasando, porque hoy hacía calor de verano (de verano en Alemania, tampoco hay que pasarse). Pues aprovechando ese buen tiempo y las ganas que se nos quedaron a Lisa y a mí de culturizarnos, nos cogimos un coche con Shaden (egipcia) y Julie (francesa) y tiramos otra vez para Pittsburgh. Esta vez, por fin, conseguimos ver todas las habitaciones de las nacionalidades de la universidad (os conté de qué iba la vaina en un post anterior); parece fácil, pero nos llevó dos horas. Y es que es alucinante. Por cierto, es oficial, yo quiero hacer un máster en ese campus. Al salir de la uni, y al lado de los dos museos de Carnegie, hay un pequeño parque con quioscos de comida y mesas al solecillo (claro, esto no lo sabíamos cuando fuimos con grados bajo cero). Para rematar resulta que uno de los quioscos… ¡vendía sushi! Así que allí nos tiramos al sol y al tiempo primaveral comiendo como reinas un rato largo. Después de un café chupi en una cafetería con wifi y una buena conversación, volvimos al pueblo. ¡Pero qué diferencia después de un día así! Ahora todo se ve mejor, con otra luz, como más brillante… aunque puede que sea porque es la primera vez en meses que no está nublado todo el tiempo, ¡quién sabe!

Esta semana se presenta cargada, así que espero poder contaros muchas cosas la próxima vez. Os echo de menos. No queda ná.

Canción moñas (pero pegadiza) de buenas noches: When I was your man, de Bruno Mars.